Borrador para un cuento - El descenso a Gorgoroth (VI)

Ya con la luz del día, me puse a observar mi cuarto. Tanteando la pared y dando pequeños golpes, pude ver que el espacio que estaba conformado por aquella tablaroca iniciaba en la lateral del closet y se prolongaba por apenas unos cuarenta, cincuenta centímetros, ya uniéndose al resto de la pared. Estaba perfectamente disimulado, de ahi que no me diera cuenta. Salvo por pequeños detallitos como una pequeña apertura entre el closet y la pared, y otras en la base junto al piso, nadie hubiese reparado en ello.

Como era sábado por la mañana, y yo ya había avanzado bastante en mi relato, decidí aprovechar la mañana y en cierta manera corresponder a mi casero (o casera) haciendo las reparaciones pertinentes. Fuí a la tlapalería, compré un poco de yeso y enjarré esas pequeñas separaciones, de manera que ya a media tarde, ni siquiera se notaba imperfección alguna. Un muy buen trabajo, cabe decirlo. Siendo sábado, también aproveché la ocasión y salí con unos amigos hasta altas horas de la noche, aunque casi sin beber, tampoco estaba de humor y quería aprovechar el domingo.

Creo que fue a mi regreso lo que empezó el desconcierto. Llegué al departamento creo que alrededor de las cuatro de la mañana, y si, admito que con unas copas de más. Lo que realmente me desconcertó fue que al llegar oí un ruido similar a cuando se rasca una superficie rugosa, una alfombra o una madera. Como venía de mi cuarto, pensé que o era un ratón o algo así ya que se oía bastante fuerte para ser una cucaracha, o era algun ruido proveniente del patio a donde daba la ventana.

Me armé de la escoba, cerré la puerta tras de mí para que no escapara lo que sea que estuviera ahí y prendí la luz. De inmediato el sonido paró. Me asomé a la ventana, que estaba cerrada y no vi actividad alguna, por lo que supuse era algúna rata en el patio. Ya pronto me quité la ropa, me acosté, dejé la luz del buró y apague la del cuarto, y justo cuando voltee el rostro para apagar la lámpara que estaba a mi lado derecho… que veo nuevamente aquel orificio o separación entre el closet y la pared.

Extrañado bastante, y sin reaccionar en prender la luz del cuarto, me acerqué. Ahora aquel hueco o separación era más evidente, y aún más raro era que parte del yeso que había colocado, ahora yacía de mi lado. Tal como si algún animal se hubiese servido de una cuchilla o algo así para horadar nuevamente aquel agujero. Solo que una rata no creo que tuviese la inteligencia suficiente para ello, o aquella pared era lo suficientemente delgada para que pudiera raspar el yeso con sus propias pezuñas.

Realmente me desagradó aquello. Cogí una cintacanela que traía por ahí y coloqué un parche a lo largo de la pared y el closet. Ya mañana revisaría bien y arreglaría lo que tuviese que arreglar.

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