Borrador para un cuento - El descenso a Gorgoroth (V)

Era un departamento aunque pequeño, bastante cómodo. Una pequeña salita-comedor-recepción, una cocineta, y un cuarto donde dormir. Había también un cuarto que como que alguna vez fue de servicio, o que aquel departamento en un inicio habían sido dos que posteriormente los separaron.

Lo agradable era mi cuarto. Si uno se colocaba frente a él, a mano izquierda encontraría una pequeña mesa que usaba como escritorio, más adelante a mano derecha, estaba la cama con la cabecera apoyada en la pared contraria, y al fondo, una pequeña ventana del lado izquierdo y el closet del lado derecho. Muy simple, pero cómodo.

Algo que no me gustó del todo era hacia donde veía la ventana. Yo esperaría que volteara hacia el patio común, pero al estar orientada hacia el fondo, daba a un pequeño patio o hueco que había quedado por las demás construcciones. No se veía como llegar a el, o al menos desde donde estaba, pero si se veía que mucha gente había arrojado basura en el, a especie de baldío interior, accesible desde varias de las ventanas como la mía. Se entiende. Algún defecto tenía que tener aquel lugar.

Los primeros dos dias transcurrieron sin novedad. Al principio el irme acostumbrando al lugar, la orientación de la cama, los ruidos del entorno diferentes a los habituales, pero poco a poco me iba adaptando. Fue a partir del segundo día que empecé a notar que ciertos ruidos muy pequeños que llegaba a oir en la noche, no provenían de la ventana que daba al patio como originalmente pensé y que lo atribuía a ratas o algo así, sino que venían del lado derecho del closet, el que quedaba pegado a la pared. Cucarachas pensé yo.

Yo tengo un odio particular hacia las cucarachas, por lo que creo que el quinto día de mi estancia ahi, decidí encontrar el dichoso nido. Apague la luz y me hice el dormido. Al poco rato empecé a oir ese pequeño ruido que hacen esos insectos con sus antenas. Me levanté con un zapato en la mano e intenté a ciegas dar con el nido.

Curiosamente, al acercarme al closet, noté que los ruidos no venían precisamente de este, sino de la pared que estaba al lado. Extrañado, prendí la luz y súbitamente los ruidos cesaron. Dí un fuerte golpe a la pared que me hizo darme cuenta que no era de ladrillos como hubiese pensado, pues se escucho un sonido sordo, parecido a la tabla roca. Apagué la luz y me fui a dormir. Tal vez sería mejor ver que pasaba al siguiente día, ya con luz.

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