Borrador para un cuento - El descenso a Gorgoroth (IV)

¿No les ha ocurrido que en ocasiones conocen a una persona ya de edad avanzada, pero que aún conserva ese toque de andrógino extraviado en el tiempo?

Algo así me ocurrió cuando conocí al dueño o dueña del departamento. Era alguien si bien de aspecto agradable, bien educado, tranquilo… nunca pude determinar bien su edad o incluso si era hombre o mujer. Se que suena extraño, pero sus facciones aunque delicada y su piel que no aparentaba edad alguna, no dejaba entrever características particulares de un sexo y las arrugas se confundían con una piel lozana. Vaya, ni siquiera su voz pemitía distinguir con quien hablaba.

Dejando eso a un lado, resultó ser una persona no solo agradable, sino también con cultura. Estuvimos platicando del lugar, de ese departamento que aún con lo básico lo rentaba a muy buen precio, de que yo era escritor, que esta persona había tenido muchos sueños y aventuras, en fin… platicamos de mucho y de nada, creo que por espacio de una hora. No lo sé, perdí la noción del tiempo.

Total que ya casi al último, me despedía de esta persona, cuando me preguntó que si no me interesaba el departamento, por los mismos problemas que le había relatado, a lo que le comenté que sí, solo que el asunto era el tiempo, solo me quedaría un periodo muy corto, lo que curiosamente aceptó. Me rentaría el departamento por espacio de un mes con posible extensión a dos meses, bajo la condición de que luego le compartiera un cuento o al menos lo mencionara en el.

Se me hizo un trato simpático. Creo que congeniamos en bastantes cosas. Así pues ya tenía un departamento amueblado, cerca de varias cosas, con una renta bastante barata para la zona, sin ruidos alrededor. Un lugar donde trabajar.

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