Borrador para un cuento - El descenso a Gorgoroth (III)

Un poco enfadado de aquella situación y ante la perspectiva de que mi mente estaba dando vueltas y vueltas sin llegar a algún lado, opté por tomarme un microdescanso, tal vez pensando en otra cosa que no fuese el problema pudiese tener un momento de inspiración.

Así pues, decidí ir a un restaurante suizo al que acostumbro, por lo que tomé la calle de Morelos. Esta es una calle bastante larga, con un camellón, en la cual hay desde edificios elaborados y casas ligeramente modernas; hasta viejas fachadas y casas que con el paso del tiempo reflejan una historia de modificaciones. Es por ello que no me extrañó que al pasar por ella, encontrara diversas opciones de departamentos en renta, que como es de suponer, aunque son una opción para rentar a un precio accesible, habitualmente piden un fiador y la firma de un contrato por el plazo de un año.

En un inicio, conforme iba pasando frente a ellas, mi mente comenzó a considerar y descartar esas opciones casi en automático, dadas las opciones mencionadas anteriormente. También iba pensando en un departamento que alguna vez vi cerca de la Minerva; tan solo mil pesos, sin fiador, pero luego recordé que estaba justo arriba de un taller. Sería algo muy similar a lo que quería huir.

Distraido en estos temas, en un momento dado se me ocurrió voltear a lo que parecía una callejuela enmedio de la cuadra. Se me hizo extraño, pues habiendo pasado por ahí una y otra vez nunca había reparado que había una pequeña callecita cerrada, que no colindaba con la calle al lado, sino que parecía terminar justo a la mitad de la manzana. Bajé un poco la velocidad para ver bien y efectivamente, había carros estacionados afuera, pero como que una lona que colgaba y que yo recordaba de hacía tiempo, era lo que siempre me impidió darme cuenta de aquella cerradita.

Intrigado por la curiosidad (y a que me sobraba tiempo) me acerqué al lugar y me puse a observar. La callejuelita esta terminaba en una pequeña plazoleta y alrededor se encontraban diversos departamentos, todos de tres pisos; una escena que me recordó a algún lugar de Europa o algo así. No eran departamentos ruinosos ni demasiado modernos, era como una placita detenida en el tiempo de los setentas. Se me hizo un lugar interesante dado el contexto en que se situaba y la apariencia que guardaba.

Me disponía a continuar mi camino, por lo que di una última mirada a mi alrededor. Tal vez un dia regresando con mi cámara fotográfica pudiese ser una buena opción buscar el mejor ángulo para recordar este espacio perdido de mi ciudad. Estaba dando esta última mirada, cuando un pequeño movimiento en la parte superior del edificio de la derecha, en el último piso llamó mi atención. En ella unas manos ponían detrás de las cortinas, un pequeño letrero de “se renta”.

“¡Que curioso!” -pensé en mi adentros- “Yo buscando lugar y uno que me invita a pasar”.

Situaciones como estas generalmente me suceden, así que ya estando ahí, pues nada tenía que perder con preguntar. Ya estaba ahí alguien, supongo el dueño, yo no tenía prisa por llegar a comer, y lo más que podía pasar es que no llegaramos a ningún acuerdo. Siendo así, subí a preguntar.

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