Como a las dos semanas de haber empezado la historia, todo iba bien. Ya tenía un preborrador, por llamarlo así, con las ideas principales, la estructura central que faltaba desarrollarla, las ideas secundarias o de apoyo… todo empezaba a tomar forma. Tanto así que consideré que lo escrito iba a estar a la altura de aquella edición especial.
Pero por azares del destino o un maquiavelismo antiliterario, tal parecía que algo no quería que escribiera ese cuento. El fin de semana llegó personal del SIAPA, una dependencia del gobierno encargada de lo relacionado al agua potable y alcantarillado, para informarnos a los vecinos que por razones de mantenimiento y otras excusas, se veían obligados a realizar algunas reparaciones en el sistema de aguas, por lo que tratarían de reducir las molestias ocasionadas lo más posible, iniciando los trabajos YA!.
Al principio pensé que aquello sería una pequeña molestia, pero grande fue mi decepción cuando empecé a oir a los martillos neumáticos intentando romper el pavimento, el ajetreo de la gente, la maquinaria; para después en la noche percibir el sutil aroma de los drenajes abiertos, de la materia fecal que dejaban secar al sol para que al día siguiente la recogiera otra entidad. Todo aquello se convirtió en una conspiración contra la escritura, que no acabó de menguar cuando al día siguiente se me ocurrió platicar con el capataz de la obra, quien tranqulamente me informó que aquello probablemente se iba a llevar un poco más de tiempo; pero que no me preocupara por los olores, el olor del chapopote que tenían que vertir en ciertas áreas opacaría dicha pestilencia.
Con tan agradable panorama y a que la fecha de entrega del borrador estaba cerca, empecé a preguntarme que hacer entonces. En un inicio pensé en irme a casa de algún familiar, posiblemente mis tías, pero también recapacité en que seguramente no iba a trabajar agusto entre la plática banal sobre la doña Gertrudis que la semana pasada se le vió con un peinado tan feo, y el estruendo de la televisión que aunque baja, los chismes de los artistas televisivos no son mi máximo. Otra idea fue irme con T, pero entre que el problema con su novio y yo viviendo en su depa, no creo que lo entendiera aquel. Igualmente, pensé en venirme a Ajijic, a donde generalmente asisto y desde donde me encuentro escribiendo este relato, pero ya no había lugar. Pensé diversas opciones, varias de las cuales o no me satisfacían o no eran la mejor opción, hasta que empecé a considerar la renta de algún cuarto en un hotel o una suite por unos días, lo que me fuera a llevar elaborar dicho cuento, y entonces si, irme a no se donde a descansar.
Descubrí entonces que el rentar una habitación en un hotel no es siempre la mejor opción y que las suites salen bastante caras, por lo que comencé a preocuparme sobre que hacer entonces. No podía quedar mal si por fin me estaba consolidando o tomando cierto renombre como escritor, y que mejor que aprovechar esa oportunidad y tal vez entonces ya tener un mejor lugar o como recurso para otras publicaciones. ¿Quien dice que en aquella edición no podía dar a conocer mi verdadera identidad?
Tags: ajijic, cuento, ficción, gorgoroth, terror, tt, villa eucaliptos



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